Cuando las cosas empiezan a ir bien de verdad en un negocio, lo primero que cambia no es el coche ni la casa: es la estructura. Es el momento en el que un emprendedor deja de verse como un simple autónomo y empieza a pensar como empresa. Eso fue exactamente lo que hizo Jordi Wild cuando su proyecto digital se convirtió en una máquina de facturar. El caso de Jordi Wild y su sociedad limitada unipersonal es hoy uno de los ejemplos más claros de profesionalización dentro del ecosistema digital español. De grabar vídeos casi artesanales ha pasado a manejar, a través de su empresa Project Entertainment, una facturación de 2,4 millones de euros en 2024, un 40% más que el año anterior, con un beneficio neto de 1,35 millones y un margen del 56% que muchos grupos cotizados envidiarían.
Ese salto empresarial de Jordi Wild no se explica sólo por la audiencia o el carisma del personaje. Se explica porque, en un momento clave, decidió ordenar su negocio dentro de una sociedad limitada unipersonal, asumiendo que ya no era sólo un creador de contenido, sino el administrador de una empresa de medios. Detrás de The Wild Project hay hoy contratos de publicidad, patrocinios anuales, acuerdos de distribución y producciones que mueven cientos de miles de euros. El podcast de Jordi Wild genera entre 200.000 y 300.000 euros al mes, más de 8.000 euros diarios, y cada episodio supera con frecuencia el millón de visualizaciones. La estructura societaria no es un adorno jurídico: es la columna vertebral del crecimiento empresarial de Jordi Wild.
Las cifras de Project Entertainment ilustran bien cómo la sociedad limitada de Jordi Wild ha consolidado su modelo de negocio. La empresa ha pasado de facturar 1,7 millones en 2023 a 2,4 millones en 2024, con un crecimiento del 40% en ingresos y de casi el 20% en beneficios. De cada 100 euros que factura la empresa de Jordi Wild, 56 son beneficio neto. La compañía ha pagado cerca de 115.000 euros en Impuesto de Sociedades, ha destinado 344.000 euros a reservas voluntarias y ha repartido más de un millón en dividendos y retribuciones al administrador.
Ese músculo financiero se vuelve crucial cuando Jordi Wild toma decisiones tan ambiciosas como organizar el Dogfight Wild Tournament 3, un evento que ha supuesto una pérdida cercana a los 400.000 euros. Para un autónomo, un golpe de este calibre podría ser letal. Para la sociedad limitada unipersonal de Jordi Wild, es una mala noticia, pero no una sentencia. Aquí la estructura empresarial funciona como amortiguador y demuestra por qué muchos creadores digitales optan por profesionalizarse mediante una sociedad limitada.
En el plano fiscal, el caso de Jordi Wild y su sociedad limitada también desmonta algunos mitos. Es cierto que una sociedad tributa por el Impuesto de Sociedades, mientras que un autónomo puede soportar tipos de IRPF más elevados. Pero la fotografía es más compleja: la empresa paga Sociedades y, cuando reparte dividendos, Jordi Wild vuelve a tributar en su IRPF. La sociedad limitada no es un truco fiscal; es una herramienta de organización empresarial.
La clave está en lo que la sociedad limitada unipersonal de Jordi Wild permite hacer en términos de gestión. La empresa puede deducir gastos, decidir qué parte del beneficio reinvierte y qué parte distribuye, y asumir proyectos de mayor riesgo desde una estructura preparada para ello. Esta lógica empresarial explica cómo Jordi Wild ha pasado de creador digital a gestor de una empresa con capacidad estratégica.
La separación entre persona y empresa también tiene implicaciones comerciales. Una sociedad con marca propia transmite una imagen distinta a la de un autónomo. En el caso de Jordi Wild, esa profesionalización se traduce en contratos de patrocinio anual y acuerdos con plataformas, reforzando la percepción de Project Entertainment como una productora consolidada.
No todo son ventajas. Montar una sociedad limitada unipersonal implica costes y obligaciones. Además, Hacienda observa con lupa las estructuras societarias de influencers. El caso de Jordi Wild demuestra que la sociedad limitada tiene sentido cuando el proyecto ya es objetivamente una empresa.
En este contexto, el ejemplo de Jordi Wild y su sociedad limitada unipersonal se convierte en un espejo para muchos emprendedores españoles. Cuando la facturación crece y los proyectos implican inversiones relevantes, seguir operando exclusivamente como autónomo puede convertirse en un riesgo innecesario.
«El ejemplo de Jordi Wild muestra que la decisión de crear una sociedad limitada unipersonal no va de buscar atajos fiscales, sino de reconocer que tu proyecto ya es una empresa», destaca Antoni Moreno Arbona, director de Ibeconomia.com. Ese cambio de mentalidad —de “me va bien” a “tengo un negocio que hay que proteger y hacer crecer”— es el verdadero salto empresarial.