¿Estamos ante el principio del fin del dinero en efectivo?

El avance de los pagos digitales reabre el debate sobre la desaparición del efectivo en España. Los datos muestran una transición progresiva, pero con fuerte resistencia social y económica.
Pago con TPV

El debate sobre la desaparición del dinero en efectivo vuelve a ganar peso en España a medida que los pagos digitales se consolidan en la vida cotidiana. Tarjetas, wallets y plataformas online avanzan con rapidez, pero los billetes y monedas siguen ocupando un espacio relevante, especialmente en determinados contextos sociales y económicos.

Los datos de la encuesta “Métodos de pago: La decisión definitiva” (2025) dibujan con claridad este escenario de transición. El 58 % de los usuarios identifica la tarjeta bancaria como su método de pago habitual, mientras que el efectivo ocupa la segunda posición con un 23 %. Se trata de una fotografía precisa de un cambio de hábitos que avanza, pero que aún no es total.

El efectivo, lejos de desaparecer, mantiene un papel clave en el pequeño comercio. Más del 81 % de los encuestados afirma utilizarlo para compras en establecimientos de proximidad, lo que evidencia su función como herramienta de inclusión económica y social. Al mismo tiempo, un 13,3 % reconoce no usarlo ya en su día a día, una cifra que confirma que la digitalización no es homogénea y avanza a ritmos distintos según perfiles y usos.

Esta dualidad también se refleja en la percepción de futuro. El 79 % de los participantes considera improbable que el efectivo desaparezca en los próximos cinco o diez años. Además, casi el 87,4 % valora de forma negativa un escenario sin billetes ni monedas, lo que demuestra que, más allá de la tecnología, el efectivo sigue asociado a valores como la privacidad, el control del gasto y la autonomía financiera.

Según explica Jordi Nebot, CEO y fundador de PaynoPain, una eliminación total del efectivo plantea todavía importantes riesgos:

“Un entorno sin efectivo seguiría siendo problemático. Cumple una función esencial para personas sin acceso a la banca digital, pequeños negocios, mercados tradicionales o pagos cotidianos como las propinas. La digitalización debe ser gradual e inclusiva.”

Pese a esta resistencia cultural, la tendencia hacia lo digital es evidente. Más de la mitad de los usuarios, un 55 %, ya ha migrado a los pagos digitales como opción principal, frente a solo un 5 % que ha vuelto a priorizar el efectivo. Este desplazamiento responde, sobre todo, a la comodidad y a la percepción de mayor seguridad que ofrecen las soluciones tecnológicas.

El análisis por tipo de compra refuerza esta evolución. La tarjeta de crédito o débito lidera tanto en compras presenciales como online. En el comercio electrónico, sin embargo, las plataformas especializadas ganan terreno. PayPal, por ejemplo, convence ya a cuatro de cada diez consumidores, confirmando que el ecosistema de pagos se diversifica más allá del modelo bancario tradicional.

A la hora de elegir cómo pagar, la seguridad se sitúa como el factor determinante. Más del 52 % de los encuestados la menciona como su principal criterio, muy por delante de la comodidad o la velocidad. Este dato explica por qué la confianza se ha convertido en el verdadero eje competitivo de bancos y fintech.

Desde la óptica editorial, Antoni Moreno Arbona, fundador y director de ibeconomia.com, considera que el debate debe abordarse con una mirada estructural:

“La cuestión no es si el efectivo desaparecerá, sino cómo se gestiona la transición. Una economía plenamente digital sin alternativas puede generar nuevas desigualdades. El reto es avanzar sin romper la cohesión social.”

La evolución de los métodos de pago en España apunta, por tanto, a un escenario híbrido. Los pagos digitales continúan ganando terreno impulsados por la seguridad y la comodidad, pero el efectivo sigue siendo un pilar silencioso del día a día. Más que una desaparición, lo que se perfila es una convivencia prolongada entre ambos modelos.

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