El mercado laboral español afronta febrero de 2026 con una fotografía aparentemente positiva, pero llena de matices. El empleo resiste, las cifras agregadas no se deterioran de forma abrupta y el discurso institucional insiste en la solidez del mercado de trabajo. Sin embargo, bajo esa superficie se esconden señales de desaceleración y fragilidad estructural que conviene analizar con más profundidad.
El inicio del año vuelve a estar marcado por el patrón estacional: ajuste tras la campaña navideña, especial incidencia en comercio y hostelería y un mercado laboral que depende cada vez más de sectores muy concretos. A pesar de ello, el volumen de afiliación se mantiene en niveles elevados, apoyado por el peso del sector servicios y por el empleo público, que continúa actuando como colchón.
Uno de los elementos más relevantes sigue siendo la calidad del empleo. La contratación indefinida, impulsada tras la reforma laboral, mantiene un peso superior al de años anteriores, pero en la práctica muchos de estos contratos presentan una duración efectiva corta o una elevada rotación. El mercado laboral crea empleo, sí, pero no siempre crea estabilidad.
Según datos y análisis de Instituto Nacional de Estadística y del SEPE, el desempleo juvenil y el paro de larga duración siguen mostrando una resistencia preocupante. Son colectivos que no terminan de beneficiarse del ciclo económico y que evidencian una brecha estructural difícil de corregir solo con crecimiento.
Desde una perspectiva experta, el economista laboral Marcel Jansen advierte que “el mercado laboral español ha mejorado en volumen, pero sigue fallando en productividad, estabilidad y capacidad de absorber perfiles jóvenes y cualificados”. Una afirmación que resume bien el momento actual: más empleo, pero no necesariamente mejor empleo.
Otro factor clave en febrero de 2026 es el coste laboral. El aumento del salario mínimo y la presión salarial en determinados sectores conviven con márgenes empresariales ajustados y con una productividad que no crece al mismo ritmo. Esta tensión empieza a reflejarse en decisiones empresariales más prudentes a la hora de contratar, especialmente en pymes.
El contexto macroeconómico tampoco ayuda. Con tipos de interés aún elevados y un consumo que crece de forma moderada, muchas empresas optan por consolidar plantillas en lugar de ampliarlas. El resultado es un mercado laboral que avanza, pero cada vez con menor inercia.
El mercado laboral en Baleares
Baleares afronta febrero de 2026 con un patrón ya conocido, pero cada vez más relevante desde el punto de vista estructural. Tras el cierre de la campaña turística y navideña, el archipiélago entra en su fase de ajuste estacional, con una corrección del empleo que, aunque esperada, vuelve a poner sobre la mesa las debilidades del modelo laboral balear.
Los últimos datos disponibles de IBESTAT y del SEPE confirman que Baleares sigue siendo una de las comunidades con mayor volatilidad del empleo entre temporadas. La afiliación desciende respecto a los meses punta, especialmente en hostelería, comercio y servicios auxiliares ligados al turismo, mientras el paro registra repuntes concentrados en trabajadores con contratos de corta duración.
A pesar de ello, el mercado laboral no muestra un deterioro abrupto. El empleo resiste mejor que en ciclos anteriores gracias a dos factores clave: una mayor presencia de contratos indefinidos —muchos de ellos discontinuos— y el peso del empleo público y de actividades no turísticas que amortiguan parcialmente la caída invernal.
Sin embargo, el contrato fijo discontinuo, ampliamente extendido en Baleares, vuelve a situarse en el centro del debate. Aunque reduce la destrucción estadística de empleo, no elimina la realidad de meses sin actividad ni ingresos para miles de trabajadores. El mercado laboral mejora en términos formales, pero no necesariamente en estabilidad real.
Desde una perspectiva experta, el economista laboral Guillem López Casasnovas ha señalado en distintos análisis que “Baleares necesita avanzar hacia un modelo productivo que reduzca la dependencia estacional si quiere consolidar un mercado laboral más estable y de mayor calidad”. Una reflexión que encaja plenamente con la fotografía actual del empleo en invierno.
Otro elemento relevante en febrero de 2026 es la presión sobre los costes laborales y de vivienda, especialmente en islas como Mallorca e Ibiza. El encarecimiento del acceso a la vivienda dificulta la atracción y retención de trabajadores, incluso en sectores con demanda estructural, lo que empieza a convertirse en un freno silencioso para la actividad económica.
Febrero vuelve a demostrar que el mercado laboral balear no está en crisis, pero sí atrapado en un ciclo que se repite año tras año. El empleo se crea con fuerza en temporada alta y se ajusta en invierno, mientras los problemas de fondo —estacionalidad, vivienda, productividad— siguen sin resolverse.
El reto de Baleares no es solo crear empleo, sino desestacionalizarlo, hacerlo viable todo el año y compatible con el coste de vida del archipiélago. Mientras eso no ocurra, cada invierno seguirá siendo una prueba de resistencia para trabajadores y empresas.