El Día Internacional de la Mujer vuelve a poner el foco en uno de los grandes desafíos estructurales de la economía española: la presencia femenina en la empresa, especialmente en los puestos donde realmente se toman las decisiones estratégicas.
En España, las mujeres representan ya más del 55 % de las personas graduadas en estudios de empresa, derecho y administración, lo que refleja el enorme avance educativo de las últimas décadas. Sin embargo, ese talento femenino no se traduce todavía en una presencia proporcional en la alta dirección empresarial.
Según los últimos datos del Observatorio de INFORMA D&B, la presencia femenina en la empresa sigue siendo limitada en los órganos de decisión. Actualmente, las mujeres ocupan el 23,18 % de los puestos en los consejos de administración, el 21,46 % de los cargos directivos, el 18,87 % de las presidencias empresariales y apenas el 14,54 % de las direcciones generales.
Estas cifras reflejan que, aunque el acceso de la mujer al mercado laboral ha aumentado de forma notable en las últimas décadas, el techo de cristal sigue siendo una realidad en el mundo empresarial.
La presencia femenina en la empresa avanza lentamente
Uno de los datos más reveladores del estudio es que más del 63 % de las empresas españolas no cuenta con ninguna mujer en su comité de dirección, lo que evidencia la dificultad de acceso a los niveles más altos de responsabilidad corporativa.
La situación varía según el tamaño de las compañías. En empresas con menos de 50 empleados, cerca del 65 % no tiene ninguna mujer directiva, mientras que en compañías de mayor tamaño la presencia femenina es algo mayor, aunque todavía insuficiente.
A pesar de ello, la tendencia muestra cierta mejora en los últimos años. Desde 2010, el porcentaje de empresas sin mujeres en puestos directivos ha disminuido cerca de diez puntos porcentuales, lo que indica un avance gradual, aunque todavía lento.
Legislación y objetivos de igualdad
España ha aprobado en los últimos años distintas normas destinadas a impulsar la presencia femenina en la empresa, especialmente en los órganos de gobierno corporativo.
La Ley de Igualdad estableció como objetivo alcanzar un 40 % de mujeres en los consejos de administración, mientras que la nueva legislación de representación paritaria plantea metas aún más ambiciosas que deberán cumplirse progresivamente en los próximos años.
Sin embargo, el impacto de estas políticas todavía es limitado. Incluso en las empresas sujetas a esta normativa, la presencia femenina en los consejos apenas supera el 24 %, muy lejos del objetivo fijado por el legislador.
Una cuestión económica, no solo social
Diversos estudios internacionales coinciden en que la diversidad en los equipos directivos no solo responde a criterios de igualdad, sino que también puede mejorar el rendimiento empresarial.
La economista Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, ha señalado en diversas ocasiones que “las economías que aprovechan plenamente el talento femenino tienen más probabilidades de crecer de forma sostenible y mejorar su competitividad”.
En un contexto marcado por la transformación digital, la innovación y la competencia global, la capacidad de las empresas para aprovechar todo su talento disponible se convierte en un factor clave de competitividad.
El verdadero reto: acceder al poder empresarial
Uno de los fenómenos que todavía persiste es la llamada segregación vertical del talento femenino. En muchas compañías, las mujeres están más presentes en áreas como recursos humanos, marketing o comunicación, pero siguen siendo minoría en puestos como dirección general, producción o dirección técnica.
Esto demuestra que el desafío no es solo aumentar la participación femenina en el mercado laboral, sino garantizar que las mujeres accedan también a los espacios donde se toman las decisiones estratégicas.
Antoni Moreno Arbona, director y analista de ibeconomia, comenta, “La igualdad en la empresa no es solo una cuestión social, sino también económica. Cuando el talento femenino no llega a los puestos de decisión, las empresas están desaprovechando una parte esencial de su capital humano y de su capacidad competitiva.”
En un momento en el que las empresas afrontan grandes transformaciones tecnológicas y económicas, avanzar hacia una mayor presencia femenina en la empresa y en la alta dirección podría convertirse en uno de los factores clave para mejorar la competitividad y la innovación del tejido empresarial.