El calor extremo puede reducir el valor de obras de arte, vino o relojes si no se conservan correctamente

Las altas temperaturas del verano no solo afectan a las personas. El calor, la humedad y la luz pueden deteriorar bienes de valor como obras de arte, vino, documentos o relojes, reduciendo su valor con el paso del tiempo.
Calor y objetos de calor

España afronta un verano marcado por episodios de calor cada vez más intensos y prolongados. Tras una de las primeras olas de calor más severas registradas en un mes de junio, los expertos advierten de que las temperaturas extremas seguirán siendo habituales durante los próximos meses. Mientras la mayoría de las recomendaciones se centran en proteger la salud o reducir el consumo energético, existe un aspecto mucho menos conocido: el impacto que el calor puede tener sobre el patrimonio personal.

Obras de arte, botellas de vino, relojes de alta gama, documentos históricos, fotografías, libros antiguos o piezas de colección forman parte de un patrimonio cuyo valor no depende únicamente de su rareza o antigüedad. Su estado de conservación es un factor determinante y, precisamente durante el verano, puede verse comprometido si no se mantienen unas condiciones ambientales adecuadas.

Según explica Centro de Valores, empresa especializada en la conservación y custodia de bienes de alto valor, muchas personas creen que guardar correctamente un objeto en casa es suficiente para preservarlo, cuando en realidad conservar y almacenar son conceptos muy distintos.

El verdadero enemigo no es solo el calor

Cuando se habla de altas temperaturas, la primera preocupación suele centrarse en el termómetro. Sin embargo, los especialistas señalan que el principal problema no reside únicamente en el calor, sino en las continuas variaciones de temperatura.

Cada cambio térmico provoca pequeñas dilataciones y contracciones en materiales como la madera, el lienzo, el papel, el cuero o determinados metales. Aunque estos movimientos sean imperceptibles, repetidos durante meses o años terminan generando grietas, deformaciones, desprendimientos o debilitamiento de las estructuras originales.

A ello se suma otro fenómeno menos visible: el aumento de temperatura acelera las reacciones químicas responsables del envejecimiento de numerosos materiales. La Biblioteca Nacional de España recuerda que un incremento de diez grados puede llegar a duplicar la velocidad de estos procesos de degradación.

El problema se agrava con dos factores habituales durante el verano: la humedad ambiental y la radiación ultravioleta. Mientras la primera favorece la aparición de moho, oxidación y corrosión, la exposición continuada a la luz solar provoca la pérdida de color en pigmentos, papeles, tejidos y barnices.

El vino, uno de los bienes más sensibles

Entre todos los bienes de valor, el vino figura entre los más vulnerables a las elevadas temperaturas.

Las oscilaciones térmicas aceleran el proceso natural de envejecimiento, alteran las características organolépticas y pueden afectar al estado del corcho, facilitando la entrada de oxígeno en la botella.

Situaciones aparentemente cotidianas, como dejar una vivienda cerrada durante varias semanas en verano o un fallo en el sistema de refrigeración, pueden comprometer en pocos días una colección cuidadosamente conservada durante años.

En el caso de vinos destinados a guarda o inversión, este deterioro puede traducirse directamente en una pérdida significativa de valor económico.

Obras de arte: daños que muchas veces aparecen demasiado tarde

Las pinturas, esculturas y otras piezas artísticas también requieren unas condiciones ambientales muy estables.

Los distintos materiales que componen una obra reaccionan de forma diferente a los cambios de temperatura y humedad. Mientras el soporte puede expandirse, la capa pictórica permanece prácticamente inmóvil, generando tensiones internas que acaban provocando craquelados, levantamientos de pintura o desprendimientos.

En muchas ocasiones estos daños no resultan visibles de forma inmediata, pero cuando aparecen suelen requerir intervenciones de restauración complejas y costosas que, incluso realizándose correctamente, pueden afectar al valor de mercado de la obra.

Documentos, fotografías y libros antiguos también sufren

El patrimonio documental constituye otro de los grandes afectados por las condiciones ambientales inadecuadas.

El calor excesivo reseca el papel y favorece su fragilidad, mientras que la humedad puede deformarlo, provocar la aparición de hongos y deteriorar las tintas.

Documentos notariales, escrituras, archivos familiares, fotografías históricas o primeras ediciones de libros antiguos pueden perder parte de su valor histórico, cultural o económico si permanecen durante largos periodos en espacios con condiciones inestables.

Relojes, joyas y artículos de piel

Los relojes mecánicos tampoco son ajenos al calor.

Las elevadas temperaturas pueden alterar el comportamiento de los aceites lubricantes que garantizan el correcto funcionamiento de su maquinaria, mientras que los cambios de humedad afectan especialmente a las correas de cuero y otros materiales naturales.

Las piezas de piel, tanto en relojes como en bolsos o artículos de colección, tienden a resecarse, agrietarse o deformarse cuando permanecen expuestas durante largos periodos a ambientes excesivamente cálidos o secos.

¿Puede una vivienda garantizar una conservación adecuada?

Aunque en el ámbito doméstico pueden adoptarse medidas preventivas —como evitar la exposición directa al sol, controlar parcialmente la humedad o mantener los objetos alejados de fuentes de calor—, mantener unas condiciones constantes durante todo el año resulta muy complicado.

Las viviendas experimentan variaciones continuas de temperatura entre el día y la noche, cambios de humedad estacionales y situaciones imprevistas como cortes eléctricos o largos periodos sin climatización durante las vacaciones.

Según los especialistas, son precisamente estas fluctuaciones las que aceleran el deterioro progresivo de los bienes más sensibles.

Por ello, cuando se trata de conservar patrimonio de elevado valor económico o sentimental, los expertos recomiendan recurrir a espacios específicamente diseñados para garantizar unas condiciones ambientales estables, con temperatura y humedad controladas durante las veinticuatro horas del día, siguiendo criterios similares a los utilizados por museos e instituciones patrimoniales internacionales.

La conservación también protege el valor del patrimonio

Brian Lavio, presidente de Centro de Valores, recuerda que muchas personas solo descubren el deterioro cuando ya es demasiado tarde.

«Con frecuencia se confunde tener un bien bien guardado con conservarlo correctamente. Una botella de vino, una obra de arte o un documento pueden parecer intactos durante mucho tiempo mientras el calor, la humedad o los cambios bruscos de temperatura están deteriorando lentamente su estructura. Cuando esos daños se hacen visibles, normalmente ya han provocado una pérdida real de valor.»

Desde esta perspectiva, la conservación deja de ser únicamente una cuestión estética para convertirse en una estrategia de protección patrimonial.

Al igual que una vivienda requiere mantenimiento para conservar su valor en el mercado, obras de arte, colecciones, relojes, documentos o vinos necesitan unas condiciones adecuadas de conservación si se pretende preservar tanto su estado como su valor económico a largo plazo.

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