En el ecosistema del emprendimiento digital en España, pocos nombres resuenan con tanta fuerza como el de Alejandro Novás. Fundador y CEO de Vivir de tu Pasión, Novás ha logrado lo que muchos consideran el “santo grial” del siglo XXI: convertir el conocimiento especializado en activos digitales altamente rentables y escalables.
Natural de Begonte, Lugo, su trayectoria no comenzó en los grandes centros de negocios, sino en la informática técnica y la resiliencia personal. Tras validar su capacidad estratégica con proyectos de referencia como Mundo Entrenamiento, Novás decidió descodificar el éxito para otros, creando una metodología que combina psicología de ventas, automatización de sistemas y una mentalidad de alto rendimiento.
Hoy, al frente de una de las escuelas de negocios online más influyentes del mercado hispano, Alejandro no solo lidera una comunidad de miles de alumnos, sino que se ha consolidado como un referente para CEOs, consultores y profesionales que buscan profesionalizar su presencia en la red.
En esta entrevista para ibeconomia.com, hablamos con él sobre los retos de la economía digital, la importancia de los embudos de venta en la estrategia empresarial y cómo la digitalización se ha convertido en una herramienta clave para la libertad financiera y profesional.
¿Por qué tantas personas subestiman la dificultad real de vivir de su pasión hasta que ya han dado el salto?
Porque nadie les está mostrando la película completa.
Lo que ves desde fuera es el resultado. El viaje. La foto. La cifra en pantalla. Pero no ves los primeros dos años apagando fuegos. No ves los meses en los que mandas propuestas y no te contesta nadie. No ves que hay semanas en las que trabajas más que en cualquier empleo por cuenta ajena y, al final del mes, ganas lo mismo. O menos.
Yo lo viví. Tuve que tomar decisiones muy duras, con problemas de salud de por medio, en momentos muy límite. Y en esos momentos entiendes algo que desde fuera es imposible de ver: soñar no cambia nada. Decidir lo cambia todo. Y decidir de verdad tiene un coste que nadie te va a contar.
Porque lo que nos han vendido —y lo digo así, nos lo han vendido— es que, si sigues tu pasión, el dinero viene solo. Eso es mentira. La pasión sin modelo de negocio, sin claridad, sin saber a quién le vendes y qué problema resuelves, es un hobby caro. Nada más.
¿Qué papel están jugando las redes sociales en la creación de expectativas irreales sobre el emprendimiento?
Las redes premian la apariencia. No la profundidad. No la honestidad. La apariencia.
El emprendedor que empieza ve cuentas que parecen exitosas y concluye que publicar contenido es igual a tener un negocio. No lo es. Son dos cosas completamente distintas.
Un dato concreto: mi cuenta de Instagram tiene poco más de 60.000 seguidores. Hemos generado más de 25 millones de euros. Hay cuentas con diez veces más seguidores que no llegan a fin de mes. El engagement no paga facturas. Da visibilidad, a veces da ego, pero no es un negocio.
Y con la inteligencia artificial esto se ha multiplicado. Ahora cualquiera puede parecer experto. Hay gente hablando de ventas que no ha vendido nada en su vida. Gente hablando de negocios sin tener uno. Pero el contenido está tan bien producido que parece que saben. No saben. Están repitiendo lo que escupe la IA con buena música de fondo.
¿Cuáles son los errores más comunes al intentar monetizar una pasión y por qué se repiten tanto?
El primero: creer que trabajar más va a resolver el problema.
Hay gente que trabaja 12 horas al día, que no para, que siempre tiene algo urgente, que lo da todo… y su cuenta bancaria está exactamente igual que hace tres años. Mucho trabajo, mismo dinero. Y lo incómodo es que no es mala suerte. No es el mercado. Es que están poniendo la energía en los sitios equivocados.
El segundo: creer que ser bueno es suficiente. El mercado no es meritocrático. Nunca lo ha sido. Hay gente que sabe menos que tú, con menos experiencia que tú, ganando bastante más. ¿Por qué? Porque saben comunicar su valor y saben a quién se lo están comunicando. Ser bueno en lo que haces es la condición mínima, no la ventaja diferencial.
El tercero: hablar desde tu mundo en lugar de hacerlo desde el mundo de tu cliente. Un nutricionista que titula su contenido “reprogramación metabólica en tres fases” cree que suena experto y profundo. Pero su cliente está pensando: “¿Voy a poder dejar de comer por ansiedad por las noches o no?”. Ese cliente no entiende la reprogramación metabólica en tres fases. No le interesa eso. Le interesa la respuesta a su pregunta real.
Estos errores se repiten porque nadie enseña la parte fea. Se enseña a crear contenido, a ganar seguidores, a tener presencia online. Pero eso no es un negocio. Un negocio es resolver el problema de alguien y que te pague por ello.
¿Estamos romantizando el emprendimiento hasta el punto de invisibilizar sus costes emocionales y económicos?
Totalmente. Y lo estamos haciendo a escala industrial.
Le hemos vendido a una generación entera que emprender es libertad. Y puede serlo. Pero también puede ser la trampa más grande de tu vida si no lo haces bien. Porque el jefe eres tú. Y si no sabes delegar, si no sabes escalar, si vives de intercambiar tu tiempo por dinero y si no sabes pensar, acabas siendo el esclavo más barato de tu propia empresa.
Lo veo constantemente. Personas que dejaron un trabajo de ocho horas para acabar trabajando catorce. Personas que buscaban libertad financiera y están vendiendo con ansiedad permanente. Personas que querían elegir sus horarios y llevan tres años sin coger vacaciones porque, si paran, el negocio se para.
Eso no es libertad. Es cambiar una jaula por otra con mejor decorado.
Y el coste emocional es el que menos se habla. La incertidumbre que no te deja dormir. La soledad de tomar decisiones sin saber si son correctas. Los meses malos que nadie ve porque en redes solo muestras los buenos. Todo eso existe. Y hay que estar preparado para ello, no para que te paralice, sino para que no te sorprenda cuando llegue.
Hemos romantizado tanto el emprendimiento que mucha gente ya no busca construir algo sólido. Busca escapar rápido de su vida actual.
Y cuando alguien está desesperado por escapar, compra cualquier promesa que huela a libertad.
Por eso existen tantos vendehúmos. Porque también hay mucha gente comprando humo.
¿Qué diferencia a quienes logran sostener su proyecto en el tiempo de quienes abandonan tras los primeros fracasos?
La capacidad de tomar decisiones que dan vértigo.
Los que abandonan se quedan siempre en lo mismo: publican más contenido, hacen más llamadas, mandan más presupuestos. Más de lo mismo esperando un resultado distinto. Y así van pasando los años, trabajando más, ganando parecido, hasta que en algún momento se convencen de que esto no funciona. No es que no funcione. Es que no están cambiando nada de lo estructural.
Los que sostienen sus proyectos en el tiempo se atreven a parar, a pensar en frío y a decir: “Necesito cambiar algo de verdad aquí”. Cambiar la oferta. Cambiar el mensaje. Decidir a quién no le van a hablar, que eso también es una decisión.
Nosotros, en su momento, decidimos no dirigirnos a e-commerce ni a productos físicos. Esa decisión da vértigo porque implica soltar lo que ya sabes hacer. Pero es lo que te pone en un lugar diferente.
Hay una práctica que llevo haciendo tiempo y que considero de las más útiles: las paradas estratégicas. Una vez al trimestre, una sola pregunta: ¿qué decisiones, si las tomo ahora, me van a poner en un sitio diferente en los próximos meses? No las urgentes. Las importantes. Porque lo urgente siempre se atiende solo. Lo importante, si no lo pones en tu agenda, no ocurre nunca.
Emprendimientos hechos con IA: ¿realidad o ficción?
Las dos cosas. Depende de cómo la uses.
La IA ha democratizado la creación de contenido hasta el punto de que ahora todo el mundo puede parecer experto. Y cuando todo el mundo suena igual, nadie destaca. El mercado en 2026 está haciendo una limpieza natural. No va a sobrevivir el que más publica. Va a sobrevivir el que realmente tiene algo que decir.
Dos personas pueden leer el mismo libro. Si cada una cuenta cómo le ha afectado, cómo lo está aplicando y qué resultados está viendo, ese contenido va a ser distinto porque viene de experiencias distintas. Eso no lo puede replicar la IA. Lo vivencial es tuyo. Y ahí está la diferencia entre quien va a aguantar en este mercado y quien no.
El riesgo real no es que la IA te quite el trabajo. El riesgo es que dejes que te quite el pensamiento. Si la IA genera el contenido, decide el mensaje y escribe la estrategia, ¿qué queda de ti? Un negocio vacío por dentro. Con mucho alcance, quizás, pero sin nada real que ofrecer.
La IA tiene que amplificar tu criterio, no sustituirlo. Esa es la diferencia entre construir algo que dure y ser uno más del ruido.