El empleo en España y particularmente en Baleares está viviendo uno de los mejores momentos en términos de cifras. Marzo ha cerrado con 21,88 millones de afiliados de media a la Seguridad Social tras sumar más de 211.000 personas, el mejor dato para este mes en toda la serie histórica. Pero el dato realmente relevante no está en la foto, sino en la tendencia: en términos desestacionalizados, España supera por primera vez los 22 millones de afiliaciones.
Este punto marca un antes y un después. Porque no hablamos de un pico puntual vinculado a la Semana Santa o a la estacionalidad del turismo, sino de un cambio de escala en el empleo en España.
Y, sin embargo, el debate económico empieza precisamente aquí.
España supera los 22 millones de afiliados: el dato estructural que cambia el relato
El matiz técnico es clave. Mientras el dato bruto refleja el impacto de campañas estacionales, la serie desestacionalizada elimina ese efecto y muestra la tendencia real. Y esa tendencia indica que España no solo crea empleo, sino que lo hace de forma sostenida.
Más de medio millón de afiliados en el último año y más de 80.000 en el último mes en términos ajustados confirman que el mercado laboral mantiene una inercia positiva incluso en un entorno internacional marcado por tensiones geopolíticas, inflación y desaceleración europea.
Desde un punto de vista macroeconómico, esto es una señal de fortaleza. España está creciendo en empleo por encima de lo esperado y demostrando una capacidad de absorción laboral notable.
Pero esa fortaleza no es homogénea ni está exenta de matices.
El paro cae a mínimos… pero no recupera del todo el terreno perdido
El desempleo se sitúa en 2,42 millones de personas, el nivel más bajo en un mes de marzo desde 2008. La caída interanual supera el 6%, con más de 160.000 personas menos en las listas del SEPE.
A simple vista, el dato es incuestionablemente positivo. Pero si ampliamos el foco, vemos que España todavía no ha cerrado completamente la brecha de la gran crisis financiera.
El mercado laboral ha avanzado, sí. Pero arrastra inercias históricas que siguen condicionando su estructura.
La política entra en el dato: relato frente a realidad
La reacción política evidencia hasta qué punto el empleo se ha convertido en un terreno de disputa narrativa.
Por un lado, el Gobierno pone en valor el récord de afiliación como un hito histórico que refleja el éxito de sus políticas económicas y laborales. Por otro, la oposición introduce una crítica que conecta directamente con la percepción social: el empleo crece, pero la productividad no acompaña, y el poder adquisitivo sigue tensionado por la inflación y los impuestos.
Esta dualidad no es menor. Refleja dos lecturas distintas de una misma realidad: una cuantitativa y otra cualitativa.
Y es precisamente en esta segunda donde se concentra el verdadero debate económico.
El motor del empleo: servicios, turismo y estacionalidad
Los datos sectoriales no dejan lugar a dudas. La hostelería lidera la creación de empleo en marzo con cerca de 80.000 nuevos afiliados, seguida por actividades administrativas, construcción y educación.
El patrón es claro y se repite: el crecimiento del empleo en España sigue apoyándose en sectores intensivos en mano de obra y vinculados al ciclo.
Esto tiene una ventaja evidente: permite generar empleo de forma rápida. Pero también implica una dependencia estructural de factores externos.
España ha optimizado su capacidad para crear empleo… pero dentro de un modelo que sigue siendo cíclico.
La mejora de la estabilidad laboral: avance real con matices
Uno de los cambios más relevantes de los últimos años es la reducción de la temporalidad. Hoy, el peso del empleo temporal se sitúa en torno al 11%, muy lejos de los niveles cercanos al 30% previos a la reforma laboral.
Sin embargo, este avance convive con una transformación del mercado laboral: el crecimiento de los contratos fijos discontinuos.
Este tipo de contrato permite formalizar empleo indefinido en sectores estacionales, pero introduce una nueva lógica: trabajadores que no están ocupados de forma continua durante todo el año.
Esto plantea una cuestión clave: ¿estamos ante una mejora real de la estabilidad o ante una redefinición de la precariedad?
Más afiliados, más autónomos y más peso extranjero
El crecimiento del empleo también se explica por factores estructurales.
España alcanza un récord de autónomos con 3,43 millones, lo que refleja tanto dinamismo económico como, en algunos casos, una respuesta a la dificultad de acceso a empleo por cuenta ajena.
Además, los trabajadores extranjeros ya representan el 14,4% del total de afiliados, superando los 3,1 millones. Esto evidencia la capacidad del mercado laboral español para atraer y absorber mano de obra.
Pero también introduce nuevas tensiones, especialmente en ámbitos como la vivienda o los salarios.
El empleo femenino y juvenil: avances relevantes pero insuficientes
Los datos de paro femenino y juvenil marcan mínimos históricos, lo que confirma una mayor inclusión en el mercado laboral.
Sin embargo, el ritmo de mejora es desigual y, en el caso de los jóvenes, el avance mensual es limitado.
Esto refuerza la idea de que el mercado laboral ha mejorado en acceso, pero no necesariamente en calidad ni en estabilidad a largo plazo.
El factor territorial: un crecimiento desigual
El empleo crece en la mayoría de comunidades autónomas, con especial intensidad en regiones como Andalucía, Cataluña o Comunidad Valenciana.
Pero el comportamiento no es uniforme. Algunas zonas siguen mostrando mayor vulnerabilidad, mientras otras concentran el dinamismo.
Este desequilibrio territorial es otra de las características estructurales del mercado laboral español.
La paradoja española: récord de empleo con tensión económica
Desde la dirección de ibeconomia, el diagnóstico es claro.
España ha alcanzado un nivel de empleo histórico. Ha demostrado una capacidad de generación de trabajo que hace una década parecía inalcanzable. Ha reducido la temporalidad y ampliado su base laboral.
Y, sin embargo, la sensación económica no acompaña.
El encarecimiento de la vivienda, la presión inflacionaria y unos salarios que no crecen al mismo ritmo generan una desconexión entre los grandes datos y la realidad cotidiana.
Nunca ha habido tanta gente trabajando.
Pero tampoco tanta sensación de fragilidad económica.
El verdadero reto: pasar del empleo al valor
El siguiente paso para la economía española no es crear más empleo, sino transformarlo.
Más productividad, más innovación, mayor valor añadido y salarios más altos.
Porque si el modelo no evoluciona, el riesgo es claro: consolidar un sistema capaz de batir récords… pero incapaz de mejorar el bienestar real de la población.
Y ese, en el fondo, es el debate que ya está sobre la mesa.
No es cuántos trabajan.
Es cómo trabajan… y qué les permite ese trabajo.
Antoni Moreno Arbona
Editor y Director de ibeconomia.com