Cuba se apaga: la crisis terminal de la isla mientras el mundo mira hacia Irak

La estrategia de Donald Trump para cortar el petróleo venezolano a Cuba ha desencadenado una grave crisis energética en la isla. Apagones, caída del turismo y empresas paralizadas reflejan el impacto de una presión geopolítica que busca provocar cambios políticos.
Cuba crisis

Cuba vive en 2026 uno de los momentos económicos más delicados desde el llamado Período Especial de los años noventa. La isla se enfrenta a apagones, escasez de combustible, caída del turismo y una economía paralizada a medias. El detonante inmediato ha sido la decisión de Washington de cortar el suministro indirecto de petróleo procedente de Venezuela, una estrategia que forma parte del endurecimiento de la política de presión impulsada por Donald Trump.

Durante años, el petróleo venezolano fue el salvavidas energético de Cuba. Caracas enviaba crudo en condiciones preferentes que permitían sostener el sistema eléctrico, el transporte y buena parte de la actividad industrial. Con el deterioro del régimen venezolano y la ofensiva diplomática y económica de Estados Unidos para bloquear esas exportaciones, el flujo de combustible hacia la isla se ha reducido drásticamente.

El resultado se percibe en la vida diaria de los cubanos: cortes de electricidad que duran horas, transporte público irregular y empresas que no pueden mantener su actividad con normalidad.

La estrategia de Washington: presión económica para provocar cambios

La Casa Blanca ha sido clara sobre su objetivo. Trump ha defendido públicamente que la presión económica puede acelerar un cambio político en la isla. En declaraciones recientes, el presidente estadounidense llegó a afirmar que “Cuba va a caer pronto”, en referencia a la fragilidad económica del régimen.

La lógica de Washington se basa en una estrategia conocida: aumentar la presión económica hasta que el deterioro interno fuerce reformas o una transición política. Esto incluye sanciones financieras, restricciones al comercio y medidas destinadas a dificultar el suministro energético de la isla.

Para Cuba, altamente dependiente de la energía importada, este punto es especialmente crítico.

La respuesta del Gobierno cubano

Desde La Habana, el presidente Miguel Díaz‑Canel ha acusado a Estados Unidos de intentar provocar deliberadamente el colapso económico del país.

El Gobierno cubano sostiene que la crisis energética actual es consecuencia directa del endurecimiento del embargo y de las sanciones estadounidenses. Al mismo tiempo, ha anunciado planes de emergencia para reducir el consumo eléctrico, reorganizar la red energética y buscar nuevos proveedores de combustible.

El problema es que las alternativas son limitadas. La infraestructura energética cubana es antigua y depende en gran medida del petróleo importado. Sin combustible suficiente, el sistema eléctrico se vuelve extremadamente vulnerable.

Imagen Emilio Perelló Capitolio de La Habana
Imagen Emilio Perelló Capitolio de La Habana

Empresas paralizadas y economía a medio gas

El impacto económico es inmediato. Muchas empresas estatales han reducido su actividad por falta de electricidad o combustible. El transporte de mercancías se ha ralentizado y algunos sectores industriales funcionan con horarios limitados.

Incluso el incipiente sector privado cubano —las pequeñas mipymes autorizadas en los últimos años— está sufriendo las consecuencias. Restaurantes, talleres o pequeños comercios dependen de electricidad estable y de suministros que cada vez llegan con más dificultad.

En una economía ya frágil, cada apagón tiene un efecto multiplicador.

El turismo también sufre la crisis

El turismo, principal fuente de divisas del país, tampoco escapa al deterioro.

Las dificultades energéticas están afectando al funcionamiento de hoteles, al transporte interno y a la logística de los complejos turísticos. En un sector donde la fiabilidad operativa es clave, la percepción de inestabilidad puede resultar muy perjudicial.

El presidente de Meliá Hotels International, Gabriel Escarrer Jaume, ha reconocido que la situación se ha vuelto más complicada en la isla. Aun así, el directivo ha asegurado que la compañía no tiene intención de abandonar el país, donde gestiona más de treinta hoteles y mantiene una posición de liderazgo en el sector turístico.

La estrategia del grupo consiste en gestionar el destino con prudencia: concentrar huéspedes en menos establecimientos, cerrar temporalmente algunos hoteles y adaptarse a las limitaciones energéticas.

Aerolíneas que recortan vuelos

El deterioro energético también ha afectado al transporte aéreo. Algunas aerolíneas internacionales han reducido operaciones o suspendido rutas ante la imposibilidad de garantizar combustible para aviación en determinados aeropuertos cubanos.

En algunos casos, los aviones han tenido que repostar en terceros países del Caribe para poder operar rutas con la isla, lo que encarece las operaciones y reduce la rentabilidad.

Para el turismo internacional, la conectividad aérea es un factor clave. Cada vuelo cancelado o frecuencia reducida debilita aún más el flujo de visitantes.

Una economía atrapada entre geopolítica y fragilidad

La crisis actual pone de relieve una debilidad estructural de la economía cubana: su dependencia histórica de aliados externos para sostener su modelo energético y financiero.

Durante décadas fue la Unión Soviética. Más tarde, Venezuela. Hoy, sin ese respaldo claro y bajo presión directa de Estados Unidos, el sistema económico cubano afronta una de sus pruebas más difíciles.

La estrategia de Trump busca acelerar ese desgaste. Pero el desenlace es incierto. El régimen cubano ha demostrado en el pasado una notable capacidad de resistencia incluso en contextos económicos extremadamente adversos.

Lo que sí parece claro es que 2026 puede marcar un punto de inflexión. La combinación de presión geopolítica, crisis energética y deterioro económico está empujando a la isla hacia una situación límite.

Y, como casi siempre en este tipo de crisis, quienes soportan el mayor peso de la situación no son los gobiernos ni las potencias internacionales, sino los ciudadanos que viven cada día entre apagones, escasez y una economía que cada vez funciona con más dificultad.

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