IBCAMINOS / OPINIÓN

Inicio de un posible debate

COMPARTE:
ico-facebook ico-twitter ico-google plus ico-linkedin ico-linkedin
ico-facebook ico-imprimir
ibeconomia.com - viernes, 24 de marzo 2017 | 2:15 Hrs.

Carlos Jover.-

A ningún ingeniero de caminos se le escapa que hoy en día nuestro perfil ha devenido tan escuetamente técnico y voluntarista que en la práctica hemos sido expulsados de cualquier debate sociocultural, medioambiental e incluso urbanístico y de proyección de la huella física humana del futuro, en una sociedad en la que los roles juegan un papel cada vez más importante, y en la que, por tanto, estar asociado a uno sin el prestigio mínimo aboca cuanto menos a la insignificancia y al silencio.

Por abrir un poco el debate, que es amplio, me referiré a un ejemplo concreto: la distinta percepción que se tiene de los ingenieros de caminos y de los arquitectos en nuestra sociedad. A nosotros se nos asocia con facilidad a una cultura de la desproporción, materializada, por seguir con un ejemplo, en las autopistas, que no sabemos justificar pese a que a nadie se le escapa que a partir de un tráfico determinado una sola vía resulta insuficiente incluso ante parámetros de servicio no deseables, de la misma manera que a nadie se le debe escapar que para que vivan en una parcela de 1000 metros cuadrados cien familias es imprescindible levantar en él un edificio de plantas. Pero lo que a los arquitectos se les entiende, jamás les pasa a los ingenieros. Los desastres urbanísticos de la Palma o de la Ibiza del desarrollismo de los años sesenta y setenta, que escenifican los tristes ensanches de estas dos ciudades, son achacados a los viles promotores, sin gusto y sin escrúpulos; jamás a los arquitectos que proyectaron dichos desastres. En cambio, a los ingenieros de caminos sí que se les responsabiliza de las obras, algunas proyectadas con cierto adelanto a las necesidades futuras y que por tanto, en un primer momento, no son comprendidas; como es el caso citado de algunas autopistas.

El tema es amplio, pero quisiera introducir otra componente antes de dar por acabada esta primera incursión. La sensibilidad con el legado del pasado, algo con lo que el ingeniero de caminos tiene, a vista de la sociedad, una muy mala o más bien nula simbiosis, es por el contrario el fortín en el que se hallan instalados los arquitectos, que pueden proceder, por ejemplo, a destruir por completo la casa de Son Abrines, la casa en la que vivió Joan Miró y que había proyectado su cuñado arquitecto Enric Juncosa, aun estando adosada al conjunto que conforma el taller y pabellones de la Fundación Miró de Palma. Convertida ahora en una residencia minimalista de la que no queda ningún rastro de la vida de Joan Miró, uno se pregunta si eso mismo se hubiera hecho con la casa natal de Beethoven en Bonn, o la de Mozart en Salzburgo, ¿qué hubiera dicho esa sociedad más culta, y con tal vez los roles mejor implantados, de los arquitectos que se hubieran prestado a acometer semejante atentado a la historia y a la cultura? Pero aquí, los arquitectos no tienen riesgo alguno de sufrir esas críticas: para eso están los ingenieros de caminos, y su legendario silencio ante los avatares de la sociedad que los ha petrificado en hormigón armado.

 

 


COMPARTE:
ico-facebook ico-twitter ico-google plus ico-linkedin ico-linkedin
ico-facebook ico-imprimir