Entrevistas

“La apertura de Nissan-Nigorra Baleares fue un impulso más sentimental que empresarial”

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ibeconomía.com - domingo, 13 de agosto 2017 | 6:00 Hrs. Alfonso Jurado

“Recuerdo que era el niño que iba al colegio con más parches en los vaqueros”. A Alfonso Jurado Nigorra (Madrid – 1960) se le dibuja una sonrisas en la cara cuando recuerda esos primeros años de infancia en Madrid natal, los duros comienzos de su abuelo como jefe de taller de Citroën en el 47, en plena posguerra y, posteriormente, cuando su padre montó un taller de 250 metros cuadrados en el centro de la capital, en el cotizado barrio de Salamanca, el mismo lugar donde aún hoy él continúa al frente del negocio familiar, sólo que ahora abarca una superficie de 14.000 metros cuadrados.

“Fueron muchas noches sin dormir”, recuerda Alfonso Jurado, “las negociaciones con Nissan fueron muy complicadas, me costó mucho trabajo ponerle Nigorra porque Nissan no entendía ese nombre. Nigorra es un apellido muy mallorquín y, además, era el apellido de mi madre”.

Una sombra de nostalgia asoma a sus ojos azules cuando rememora esas noches de su niñez en las que su madre aprovechaba para remendarle los pantalones. “No había dinero para ropa, todo era pagar las piezas necesarias para que el taller funcionara y la casa. En aquellos años todo se sacaba adelante con mucho esfuerzo, trabajando sábados y domingos, era una situación complicada, fue muy duro, pero yo lo recuerdo con mucho cariño”.

Ese tesón, esa pasión y entrega por el trabajo, es lo que ha llevado a la familia Jurado a poner una piedra tras otra en un negocio que a lo largo de casi setenta años de historia ha ido creciendo y consolidándose desde el pequeño taller iniciar a una posterior concesión de Citroën y Peugeot, que mantuvieron durante años, hasta que en 1985 obtuvieron otra de Renault, momento en el que Alfonso Jurado ocupa la gerencia de la empresa y amplían las instalaciones abriendo un nuevo concesionario en la calle Alcalá.

El haber expandido la empresa familiar, ser el único concesionario Renault instalado en pleno centro de Madrid, en los barrios de Salamanca y Retiro, con unas instalaciones que a día de hoy ocupan un total de 20.000 metros cuadrados, es algo que llena de orgullo a Alfonso Jurado. Por ese motivo le ha hecho especial ilusión su reciente nombramiento como presidente de la Agrupación Nacional de Concesionarios Renault. “Es un reconocimiento a la labor desarrollada durante estos años”.

Una noche, hace aproximadamente 11 años, durante una cena de trabajo en París, alguien le comenta que el concesionario de Nissan en Palma está atravesando por un momento complicado. El corazón le dio un vuelco, “estaba muy reciente la muerte de mi madre, hacia un mes que había fallecido y se me removió todo”. A la mañana siguiente llegó al aeropuerto Charles de Gaulle para volver a casa y la decisión que tomó en ese momento marcaría el inicio de una nueva aventura empresarial para Alfonso Jurado.

Con gran emoción recuerda que ese día, cuando llegó al aeropuerto parisino, tenía dos opciones, “salía un vuelo directo para Madrid y otro para Palma y no me lo pensé dos veces. Cogí el avión a Palma, alquilé un coche y me puse a dar vueltas por el polígono hasta que encontré el concesionario de Nissan. Entré, me presenté al dueño y ahí empezó todo”.

Fueron nueve meses intensos, de duras negociaciones, “fue muy complicado negociar con la propiedad, que estaba en quiebra. Me apetecía mucho sacar ese proyecto adelante como homenaje a mi madre, mallorquina de origen, estaba todo muy fresco entonces”. El recuerdo de su madre le hace parar por un instante para a continuación añadir “bueno, sigue estando fresco, la pérdida de una madre es algo que tienes presente cada día”.

Admite que “fue un impulso más sentimental que empresarial, sentí que era el momento, aunque todo pasó por intensas negociaciones y por crear un plan de viabilidad porque no era cuestión de arrastrar y poner en peligro a la empresa que ya teníamos para crear una nueva”.

“Fueron muchas noches sin dormir”, recuerda Alfonso Jurado, “las negociaciones con Nissan fueron muy complicadas, me costó mucho trabajo ponerle Nigorra porque Nissan no entendía ese nombre. Nigorra es un apellido muy mallorquín y, además, era el apellido de mi madre”.

Transcurridos once años desde aquella aventura, ahora se alegra cada día de haber tomado aquella decisión en el aeropuerto de París. “Se me llena el corazón cada vez que vengo a Palma, es un sitio amable, donde me reciben con cariño, porque aunque yo vivo fuero y he nacido en Madrid y – admite entre risas – aquí seré foraster hasta que me muera, este proyecto es muy ilusionante. Con la apertura de estas instalaciones el año pasado hemos ganado en imagen, en modernidad, en servicio al cliente”.

Y es que Alfonso Jurado mantiene un vínculo muy fuerte con Mallorca. Su tatarabuelo materno era el veterinario de una duquesa mallorquina que tenía tierras en Extremadura y hasta allí se trasladó a trabajar, “por necesidad, por hambre”, recalca. La familia ya nunca regresó a su amada y añorada Mallorca. Sin embargo, su madre siempre fue fiel a sus orígenes y supo inculcarles a los suyos su amor por sa roqueta.

“Siempre veníamos a Mallorca tres veces al año, en Navidad, Semana Santa y tres meses en verano. Imagínate lo que era venir a la Isla en los años cincuenta y sesenta. Cogíamos el 600 hasta Valencia, embarcábamos el coche, que entonces aún se subía al barco con una red, una aventura”.

Atesora buenos recuerdos y grandes amistades de los veranos de su infancia en Mallorca, “son como hermanos para mí” y su relación con la Isla sigue siendo intensa, “mi padre aún pasa un mes o mes y medio cada año aquí. Conservamos la casa de Sant Joan, el pueblo de mi madre; otra casa que compramos en Can Pastilla, en los años 60, que en aquel entonces estaba junto al mar y ahora se ha quedado junto a la iglesia, y otra al lado del hotel Maricel, que compré cuando me iba a casar con una mallorquina, pero – comenta entre risas – me dejó por uno  de Mozambique”.

Que Alfonso Jurado es una persona sencilla, cercana, se aprecia en el modo en el que va estrechando manos, repartiendo saludos entre empleados y los clientes que están en el concesionario. Acostumbrado a saber delegar es consciente de que la clave del éxito de su empresa es el equipo humano, 240 trabajadores en todo el grupo, de los que algo más de 60 están en Baleares “y creciendo”, apostilla.

“Un empresario solo no es nadie, no sirve para nada. Tú puedes ser estupendo, pero solo no vas a ningún sitio. Yo me voy a Madrid, Sevilla, París y estoy muy tranquilo, sé que mi empresa está perfectamente representada, dirigida y, a lo mejor, el que sobra aquí soy yo”. Por eso es poco amigo de los protocolos con sus empleados, “mi número de teléfono móvil lo tiene desde la señora de la limpieza hasta el director y estoy disponible para hablar de cualquier tema que surja o les pueda preocupar. Tal vez no solucionamos nada, pero como no le cobro como psicólogo, la persona se queda más tranquila y yo hago mi trabajo, que la empresa funcione y esto vaya para adelante, porque las empresas nunca son viejas, el que envejecer soy yo, pero la empresa siempre se está actualizando.

En este sentido, si hay algo que no le gusta en absoluto es que le bailen el agua. Admite que en las reuniones de trabajo le gusta ser uno más “yo aporto mis ideas y dirijo, pero siempre y cuando ellos estén convencidos de lo que se está decidiendo. Yo he venido a Palma a reuniones y me he ido sin nada, me han tirado por tierra todo lo que traía, me he encontrado en el aeropuerto de vuelta a Madrid un poco decepcionado porque venía muy ilusionado con mis ideas pero, al mismo tiempo, contento de que haya personas que me digan que no tengo razón. A mí la gente que me aporta cosas es la gente que me dice no, la que me dice sí y mueve el rabo como los perritos no me sirve para nada”.

Además de saber rodearse de un buen equipo, apunta a otras dos premisas como claves del éxito, tener una constancia casi enfermiza, “yo nunca he ligado por guapo, sino por pesado” y mirar siempre hacia adelante. En este sentido afirma que no se arrepiente de nada de lo hecho. “De lo único que me puedo arrepentir en esta vida es de lo no hecho. No me gustaría morirme pensando que he dejado de hacer algo por miedo, porque no me he atrevido o no he tenido tiempo. A mi gente siempre le digo que se equivoque. Yo necesito gente que tome decisiones y se equivoque, tienen autonomía, permiso y todo mi cariño para equivocarse todo lo que quieran.

La crisis que se ha prolongado durante años ha dejado a muchas empresas y a muchos trabajadores cualificados por el camino.

Sin embargo, desde la experiencia acumulada a lo largo de los años, anima a todas aquellas personas que deciden emprender, “aunque en las circunstancias actuales hay que ser muy valientes”, remarca. Cree que con constancia y sobre todo “con cabeza” es posible sacar un negocio adelante, “es una manera muy digna de labrarse un futuro”, afirma.

Igualmente opina que la experiencia es un valor añadido y nunca debería ser un impedimento para que las empresas contraten personal. Y él predica con el ejemplo, esa misma tarde va a entrevistar a una persona de 52 años para un puesto vacante.

Con esa intensidad en su trabajo y sus idas y venidas entre Madrid, Palma y el resto de viajes por motivos laborales, siempre ha sabido reservar un espacio para lo personal. Casado y padre de una hija de 15 años, nada le llena más que verla feliz, por eso entiende que su labor es la de “apoyarla para que en un futuro sea lo que ella quiera, como si quiere poner una tienda de ultramarinos. Yo soy feliz con lo que tengo y me parecería muy egoísta por mi parte querer imponer a una persona lo que me gusta a mí”.

También tiene un hueco diario para dedicarse a él mismo, “nadar y caminar para desintoxicarse” y a la cita a la que no falta ningún verano es a la del Camino de Santiago. “Necesito mis diez días de Camino de Santiago. Hago unos veinte kilómetros diarios a pie y me gusta ir solo porque no soy una persona de ritmo constante. Me gusta pararme, a lo mejor había previsto llegar a un sitio por la noche y llego al día siguiente porque me ha parado a contemplar un paisaje que me ha gustado”.

Persona comprometida, a Alfonso Jurado le gusta devolver a la sociedad parte de los beneficios que obtiene con sus empresas. “Nos gusta participar en eventos deportivos, culturales, de ocio, en temas destinados a las familias”.

Su reto es seguir creciendo “porque las empresas no tienen edades, así que mi proyecto es de futuro, seguir profesionalizando la empresa. Me voy muy tranquilo cuando dejo Palma, porque tengo un equipo magnífico y aquí lo hemos logrado. Cuando la gente se involucra en tu empresa, tú sobras”.

 

Entrevista publicada en “Empresarios con Valor”

 © Toni Travería
 © Mª José Merino


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