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Carlos Vert “Sin empresarios, un país no va a ningún sitio”

Motonáutica Verd & Verd

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ibeconomia.com - jueves, 28 de septiembre 2017 | 12:00 Hrs.

 

Hay personas que nacen predestinadas para ejercer una actividad. Un caso paradigmático en este sentido es, sin duda alguna, el de Carlos Vert (Palma, 1972) para con la náutica y, más concretamente, para trabajar en la empresa familiar, Motonáutica Vert, que su padre había fundado en 1969. “La primera empresa del sector en Mallorca”, recuerda orgulloso Carlos. “Siempre digo que soy su segundo hijo. El hijo mayor fue la empresa”, añade.

En efecto, la empresa fue obra de Arturo Vert, con la inestimable colaboración de su esposa, Karin, de origen alemán. Él se ocupaba de la parte técnica y comercial, en tanto que ella era la responsable de la vertiente administrativa. También desde este punto de vista, como veremos, Carlos habría de seguir el camino iniciado por su progenitor.

En el caso de Arturo Vert, el amor y el trabajo tuvieron un vínculo muy estrecho, puesto que a través de Karin, él tuvo ocasión de conocer en Mallorca al presidente de la Federación Alemana de Motonáutica, Alexander Basting. Entablaron amistad, y Arturo no dudó en ir a Alemania a formarse en su sector, a aprender el oficio, al tiempo que (claro está) aprendía el idioma. Ni que decir tiene del peso e importancia del dominio de lenguas (inglés y alemán preferentemente) en el mundo de la náutica en Mallorca.

Desde sus inicios, la empresa tuvo su sede en el centro de Palma, en la calle Francesc Fiol i Joan. Fundamentalmente, dedicada a la reparación de motores fuera borda. Hacia 1975, se vio en la necesidad de mudarse al Polígono de Can Valero para dar cabida a más embarcaciones y de mayor tamaño.

En ese local, Arturo Vert revolucionó el sector, en Mallorca y en España, con la construcción de una piscina para probar los barcos. Técnicamente, se conocía como “lago de pruebas”, con quince metros de largo por cuatro de ancho. Ese invento fue todo un hallazgo.

Gentes de grandes multinacionales llegaban a Palma para ver ese invento. “Era una piscina interior donde se probaba la flotabilidad y el funcionamiento de los barcos, en lugar de hacerlo en el mar”.

En esa nave del polígono, que sería objetivo de sucesivas ampliaciones para dar cabida a cada vez mayor número de embarcaciones, fue escenario de reuniones nacionales del sector, tal era su importancia.

“En casa sólo se hablaba de náutica. Mi padre vivía por y para el negocio las 24 horas del día. Estaba en todo momento pensando en el trabajo, en el negocio. Durante los años setenta, ochenta y noventa, su labor principal fue viajar por el mundo para captar e incorporar las distintas novedades que llegaban al mercado”.

Motonáutica Vert era un referente en lo relativo al utillaje, a las herramientas. Arturo Vert siempre regresaba a Mallorca con las últimas novedades del ramo, y ello le daba a la empresa un valor añadido y un factor diferencial importantísimos. “Mi padre, con una mente privilegiada, siempre fue muy innovador en su sector. No tenía otro hobby que no fuera el trabajo”.

Sin plantearse otras opciones (“nunca pasó por mi cabeza la posibilidad de otras opciones profesionales”), Carlos Vert se vio involucrado en el negocio familiar. Desde los cinco años, su padre se lo llevaba a muchas de las ferias, incluida la de Düsseldorf, sin duda la más importante del momento en Europa. De esta manera, con sólo doce o trece años, ya estaba habituado a ver cómo su padre trataba con proveedores y clientes, y sabía qué barco tenía cada uno de ellos. En ese sentido, Carlos recuerda la gran relación que él mismo mantuvo con otro abanderado de la náutica en Mallorca, Kjell Dahlberg.

Tras haber estudiado COU y Selectividad en San Cayetano, en 1990 hizo algo muy inhabitual en aquella época. “Me fui dos años “Mi padre, con una mente privilegiada, siempre fue muy innovador en su sector” a formarme a Hannover, a la misma empresa donde había estado formándose mi padre cuarenta años antes. En invierno estudiaba en Alemania, y en verano aplicaba lo aprendido en la empresa en Mallorca, ayudando a mi padre”.

Posteriormente, una vez aprendido el oficio familiar, Carlos Vert decidió estudiar Administración y Dirección de Empresas (ADE) en Valencia, siempre con la mirada puesta en la empresa. Se licenció en 1997, siendo primero de su promoción y, luego ya sí, regresó a Palma para incorporarse de manera definitiva a la compañía familiar. “Mi padre fue un selfmademan. Tenía que subcontratar a muchos profesionales para que le ayudaran en cuestiones fiscales y laborales. Recuerdo que había funcionado siempre con lápiz y papel, con el ‘debe’ y el ‘haber’. Yo incorporé los programas de facturación, de contabilidad a la empresa. La incorporé a la era digital”.

En todo caso, a pesar de su empeño y su constancia, no le fue fácil a Carlos ganarse su prestigio en la empresa. “Durante muchos años tuve que apechugar con el sambenito de ser el hijo de Arturo Vert; los clientes siempre preguntaban por él. Era como si yo no existiera, y debo confesar que, por momentos, esa situación me desagradaba, me frustraba”. Dicho lo cual, Carlos añade de inmediato: “Debo decir que cada día, en situaciones cotidianas de la empresa, me digo a mí mismo: ‘Cuanta razón tenía mi padre en esto o en lo otro’.

A la vuelta de Carlos de Valencia, padre e hijo tuvieron sus ligeras diferencias para ir modernizando la empresa, la clientela, etc Carlos venía con ideas revolucionarias, y a Arturo Vert no siempre le fue fácil aceptarlo. En cualquier caso, siempre imperó la cordura y el consenso final. Así, a Carlos no le duelen prendas a la hora de reconocer que “soy empresario náutico gracias a mi padre, es algo que tengo muy claro”.

En la actualidad, Carlos y su mujer Carolina trabajan codo con codo (literalmente) en la oficina, del mismo modo que sus padres también formaron un perfecto tándem profesional en su momento. “Estamos prácticamente las 24 horas del día juntos, y lo llevamos muy, muy bien. Ella me aporta una visión distinta, más objetiva quizás de las cosas, y ello me ayuda a tomar decisiones”.

El matrimonio tiene dos hijos, de 18 y ocho años. En un principio, parece que no habrá continuidad familiar en el negocio trata de un trabajo muy esclavo, hay que trabajar festivos, sábados y domingos. Junto a la restauración, creo que es de los negocios más esclavos en este sentido. Mi hijo, al que le gusta mucho viajar, probablemente estudie para ser capitán de barco, y no tener que depender de nadie para ganarse la vida. Yo tengo una empresa, pero dependo de unos proveedores, de una clientela, mientras que ser independiente es muy importante. Es algo que siempre intento hacer ver a mi hijo”.

Bajo la premisa de satisfacer en todo momento al cliente de acuerdo con un servicio profesionalizado al máximo, Motonáutica Vert & Vert (se hizo un cambio de nombre en 1997) aplica la política de llave en mano para los clientes, de modo que éstos sólo se tengan que preocupar de navegar y disfrutar del mar. “Se requiere una organización y una logística bestiales para satisfacer al cliente en la medida de sus expectativas”, comenta Carlos.

Así, por ejemplo, desde el momento del aviso de un cliente ante cualquier problema o eventualidad en el barco, la empresa se compromete a prestarle servicio en el plazo máximo de una hora.

La compañía trabaja con unos 120 barcos. El año está perfectamente estruc- turado según la actividad que la empresa tiene que acometer. De septiem- bre a mediados de noviembre, se recogen los barcos del mar y se llevan a la nave, además de preparar las respectivas hojas de trabajo. Entre noviembre y marzo, se ejecutan los trabajos preceptivos con todas las embarcaciones.

Entre abril y agosto, los clientes ya empiezan a llamar para recoger los barcos y poder navegar.

Recoger, trabajar, entregar y mantener… Esos son los pilares del trabajo a lo largo del año de la empresa. “He duplicado la plantilla. Ahora somos diez personas en la empresa con trabajo a lo largo del año. En nuestro sector se requiere personal altamente formado y no es fácil encontrarlo. En el ramo es sabido que Carlos Vert paga bien a sus empleados. En contrapartida, les exijo dedicación, conocimiento y experiencia. Cada mañana, repasamos los trabajos que tenemos previstos en el día.

Siempre trabajamos a corto plazo, máximo a 48 horas, porque en caso contrario los problemas o situaciones que van acaeciendo cambian por completo el plan previsto”.

En la empresa trabajan con diez o doce marcas distintas de embarcaciones, y cada una tiene sus singularidades técnicas. Las reparaciones, por tanto, no son fáciles. La técnica de la industria náutica es tan sofisticada que nada tiene que ver con la automoción, sino más bien con la aviación, como refiere el propio Carlos. “En todo caso, la clave para nosotros es fidelizar al cliente que nos da trabajo todo el año, dándole preferen- cia ante otros”.

Desde niño ha sabido –porque lo ha vivido en primera persona – que el mundo empresarial no es fácil y que nunca hay que bajar la guardia. “Nuestra empresa es una pyme que da trabajo a diez personas; es decir, permitimos que los empleados, con su trabajo, puedan pagar sus hipotecas, el colegio de sus hijos… ¿Qué hay explotación en algunos casos en algunas empresas? No digo que no la haya, pero la mayoría no somos así.

En todo caso, está muy claro que sin empresarios un país no va a ninguna parte. Hay que quitarse el sombrero ante empresarios que, apostando su dinero y su patrimonio, han sabido crear empresas”.

“Los políticos no saben ver ni calibrar la importancia de la náutica en Baleares como sector estratégico”

Un reto importante para la empresa está fijado en 2019, año en el que finaliza la concesión administrativa para la explotación del local en Club de Mar, donde la empresa tiene sus oficinas. Todavía está un poco en el aire qué va a pasar. “Es una cuestión candente ahora mismo para nosotros.

Veremos si podemos seguir aquí con nuestras instalaciones y los amarres, pero habrá que ver a qué precio. Obviamente, nuestro objetivo es ése; para ello estamos capitalizando al máximo la empresa, de modo que en 2019 podamos dar un paso al frente y mantenernos aquí”.

Defensor a ultranza de su propio sector, como no puede ser de otro modo, Carlos Vert lanza una proclama que es a la vez una reivindicación: la socie- dad y la Administración tienen que otorgar a la náutica el valor que realmente tiene. “Los políticos actuales no saben ver ni calibrar la importancia de la náutica en Baleares como sector estratégico.

En Palma, tenemos un astillero con Servicios Técnicos Portuarios (STP), que es el que mueve más barcos de Europa. Es más, aquí llegan barcos de todo el mundo para hacer una reparación. La náutica es un sector que deja mucho dinero (muchos mi- llones de euros) en Mallorca, hay que darle el valor que realmente tiene. No hay que ponerle trabas”.

Carlos Vert hace una confesión. Su padre, con 78 años, exigente y poco dado a alabanzas públicas ni en voz alta, se acercó recientemente a su único hijo, le abrazó y le dijo al oído: “Estoy muy contento, muy orgulloso, de tu trabajo en la empresa”. Ése es, probablemente, el mejor premio a un trabajo bien hecho.

 

Entrevista publicada en “Empresarios con Valor”

© Toni Travería
© Mª José Merino


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