Entrevistas

“En esta empresa lo más importante es la palabra dada”

Coloma Coll Bibiloni - Automóviles Coll

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ibeconomia.com - lunes, 27 de marzo 2017 | 7:45 Hrs.

 

"No me ha costado nada mantenerme al frente de la empresa porque siempre he estado acompañada por magníficos profesionales"

Un gran retrato de don Pep Coll preside la sala de reuniones en la sede de Automóviles Coll en Gran Vía Asima. Coloma Coll (Palma – 1945) recuerda a su padre, fallecido en 1995, con gran respeto y cariño. El patriarca, que inició el negocio familiar allá por los años cuarenta, sigue estando muy presente en el día de esta empresa familiar a la que ya se ha incorporado la tercera generación.

Mujer menuda, elegante, ha heredado el ímpetu, la entrega, la constancia y, sobre todo, la seriedad en el trabajo que le inculcó su padre. “Él siempre decía que lo importante era mantener la palabra dada. Este principio de actuación es el que hemos continuado en la empresa a lo largo de los años”.

A Coloma Coll se le ilumina la mirada cuando recuerda a su padre, “yo estaba muy identificada con él, teníamos mucho feeling”. Era una persona austera que construyó su negocio con tesón y que le enseñó todo lo necesario para conducirle con mano firme cuando él faltara.

Contrariamente a lo que muchos puedan pensar, pese a ser hija única, Coloma nunca fue una niña consentida, y siempre ha valorado la actitud de su padre “que para obtener cualquier cosa debía habérselo ganado antes”. Fue de admirar lo que consiguió y sonríe mientras evoca tiempos pasados y es que han transcurrido más de veinte años desde que don Pep falleció, pero aún está muy presente en el día a día de su hija y de la empresa.

Puede decirse que Coloma Coll aprendió el negocio desde la cuna. Fue en 1946 cuando todo empezó con el garaje que su padre montó en la calle Arturo Rizzi. Recuerda que “teníamos coches en custodia porque entonces no había tantos garajes como ahora y un coche era un artículo de lujo, también se realizaba la limpieza y engrase de los mismos”.

Era el momento en el que el turismo empezaba a despuntar en la Isla y don Pep Coll, hombre emprendedor y “gran comercial”, como recuerda su hija, vio la oportunidad ofreciendo sus servicios a hoteles como el Maricel, Bahía, Bendinat y a Viajes Meliá, que en aquella época iban a recoger a sus clientes al aeropuerto en coche con chófer y guía. “Teníamos coches de lujo americanos, que empleábamos para ese tipo de servicio y también para bodas, comuniones y excursiones”.

El negocio fue prosperando y pronto se amplió con la incorporación de una línea de autobuses que unía el Ensanche de Palma con La Soledad y con la compraventa de coches usados, “eso lo obligaba a desplazarse muy a menudo a Barcelona y a Madrid asistiendo algunas veces a subastas para poder adquirir los vehículos más interesantes y solicitados. Todo esto propició que contactara con empresarios de automoción de Barcelona y, posteriormente, gracias a los contactos obtenidos, le ofrecieron la distribución de SIMCA francesa, que pronto pasaría a ser Barreiros, el fabricante en España.

Durante todo ese proceso, Coloma vivió de primera mano todos los cambios y la evolución del negocio, por lo que fue adquiriendo conocimiento del sector de automoción sin darse apenas cuenta de ello.

Es en 1966 cuando nace Automóviles Coll con el nombre con el que lo conocemos hoy. En el medio siglo de existencia de esta reputada empresa, han sido concesionarios de Chrysler, tras comprar la marca estadounidense los derechos comerciales de Barreiros; más tarde en 1978 de Talbot cuando ésta adquiere Chrysler y Barreiros y, a partir de 1984 de Peugeot, cuando absorbe Talbot. 

Estos cambios no han hecho más que acrecentar el éxito de una empresa que este pasado mes de abril celebró el 50 aniversario, efeméride que vivieron con una jornada de puertas abiertas a la que asistieron más de 500 personas. “Fue una jornada muy agradable, por la asistencia de tantos conocidos, empresarios, amigos y clientes (incluso de los que compraron los primeros SIMCA 1000, algunos muy mayores ya), y eso supone un gran reconocimiento a esta empresa”.

El ser mujer en un sector liderado por hombres, de hecho fue la primera mujer concesionaria de SIMCA, no ha supuesto ningún esfuerzo adicional para Coloma, tal vez porque, como ella misma admite, “siempre ha estado involucrada en el negocio, desde pequeña, no recuerdo desde cuando porque siempre he estado”.

Agradece a su marido, Francisco Forteza, el apoyo y la colaboración durante todos estos años, “me ha ayudado mucho, aunque sus negocios no tenían relación con el sector de automoción, y además ha sido el iniciador de otras líneas de negocio hasta formar lo que hoy es el Grupo Coll”.

Asegura que la clave del éxito ha sido seguir la senda marcada por su progenitor y estar rodeada de un equipo excepcional. “No me ha costado nada mantenerme al frente de la empresa porque siempre he estado acompañada por magníficos profesionales”. Y esa es una de las cosas de las que Coloma Coll se siente más orgullosa, de haber sabido mantener ese espíritu de empresa familiar a lo largo de los años, de tener un trato muy cercano con los empleados, aproximadamente un centenar. 

Sin ir más lejos, Antonio Grúa, Rogelio Fernández, Juan Andreu (en Manacor), los hermanos Juan y Toni Mulet, personas de máxima confianza de la empresa, “que han vivido toda la evolución del grupo, hoy en día algunos ya están jubilados y otros dando paso a una nueva generación, pero manteniendo siempre el espíritu de empresa familiar”.

Ese cambio generacional del que habla Coloma incluye a sus tres hijos, que hace ya un tiempo han ido tomando las riendas de la empresa, Pep Joan, Aurora y Ana, aunque ella no se ha retirado de la primera línea ni piensa hacerlo: “Yo sigo viniendo prácticamente cada día, igual que mi padre, que vino hasta el final, era algo que necesitaba, yo también tengo esa necesidad. Soy muy activa”.

Esa tercera generación, ayudada por los consejos de Coloma Coll y del resto del equipo, ha sido la encargada de dar un paso más en la modernización de la empresa. En el año 2004, 20 años después de convertirse en Automóviles Coll, realizaron las obras de adaptación de las instalaciones de Palma y Manacor en lo que han denominado Blue Box, un nuevo concepto que refuerza la imagen de marca y ofrece al cliente espacios más funcionales. Por otra parte, en el año 2010 ampliaron su oferta con el centro Peugeot Profesional, con el objetivo de dar una mejor orientación y servicio a las empresas y autónomos, además incorporamos al negocio la venta de Peugeot Scooters.

Con una trayectoría empresarial llena de logros, para Coloma Coll el papel del empresario en la evolución económica de las sociedades es “vital ya que cumple con un doble papel, por una parte proporciona puestos de trabajo que hacen posible que se mejore la situación laboral y, por otra, reactiva la evolución del consumo” y valora de manera muy positiva el papel que desempeña ASIMA en su apoyo al tejido empresarial, “nuestra relación siempre ha sido muy fluida y aporta una gran ayuda a los empresarios del Polígono, efectuando las gestiones en beneficio de los asociados y consiguiendo que esta Asociación sea una de las primeras y mejores gestionadas. La ayuda a los empresarios asociados ha ido mejorando con el tiempo creando infraestructuras (aparcamientos, escoleta-guardería, etc) y actualmente obras sociales para ayudar a los más necesitados”.

Coloma Coll es discreta, modesta, no le gusta alardear de los éxitos obtenidos, pero echando la vista atrás no puede más que sentirse orgullosa y satisfecha del resultado cosechado a nivel profesional, desde que todo empezara hace 70 años, y personal, gracias a la gran familia que ha logrado formar.

Ahora, con la tercera generación actual al frente del Grupo Coll, confiando que la cuarta generación continúe con el negocio familiar.

Sin duda alguna, Coloma Coll se ha convertido en la correa de transmisión de su padre en la empresa. Desde muy pequeña, ya conocía todos los entresijos del negocio familiar. Al ser hija única, siempre estuvo muy ligada a sus padres, y recuerda “como hacían vida de mesa de camilla, con los informativos de RNE de fondo”. Es más, durante las vacaciones ya le gustaba estar por la oficina molestando más que ayudando, pero a la vez iba aprendiendo. Aprovechaba que mi padre se traía cosas del trabajo a casa, y nuestras conversaciones siempre giraban en torno al negocio, momentos de los que guarda gratos recuerdos.

El espíritu familiar se respira por los cuatro costados en esta empresa. No sólo es un indicativo muy importante que la gran mayoría de sus trabajadores se jubilen en la misma empresa en la que iniciaron su andadura laboral, sino el trato que Coloma Coll tiene con sus colaboradores. El acento paternalista lo ponía su padre, y ella lo ha mantenido durante estos años. “Cuando paso por los distintos departamentos, aprovecho para hablar con todos, incluso muchas veces de temas personales”.

El empleado es el principal activo de una empresa para Coloma Coll, que explica con cariño, que ellos saben que pueden contar con nosotros para lo que necesiten, formamos una gran familia. 

Pero que su padre es un referente en su vida es una realidad. “Mi padre murió en el 95, y hoy sigue siendo mi guía, intento mantener sus cualidades como su seriedad y buen hacer”.

Ahora, una de las máximas alegrías de Coloma Coll es poder sentar a comer a todos los suyos, disfrutar de estar juntos, especialmente de sus seis nietos. Eso sí a pesar de que cueste, “está prohibido hablar de coches”, en una familia que lo lleva en la sangre.

 

Entrevista publicada en “Empresarios con Valor”

 ©Antonio Travería
 ©Mª José Merino

 

 


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