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El octavo mandamiento: No mentirás

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ibeconomia.com - martes, 5 de diciembre 2017 | 1:36 Hrs.

Admiro a Ryszard Kapuściński. A su muerte, que ocurrió el 23 de enero de 2007 en Varsovia, la prensa internacional sentenciaba claramente: el decano de los corresponsales extranjeros donde quiera que fuera, maestro del reportaje” (The Times de Londres), “maestro de periodistas” (El País de Madrid), “el periodista que contó la historia desde la gente común” (Clarín de Buenos Aires)… Y me vino a la cabeza este hombre al que llamó Gabriel García  Márquez el maestro, porque hoy me apetece hablar de la verdad. O todo lo contrario, las consecuencias de mentir durante una crisis.

Este gran referente ético del oficio periodístico dejó una verdad indiscutible: las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Pero es más, me atrevería yo trasladar esta máxima también a la portavocía cuando toca la crisis a la puerta de una institución, una empresa, una organización… La P de portavocía, es la P de persona acompañada de la T de transparencia y la V de verdad. Y como dijo Cicerón, “la verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”.

Pero además está claro como apostilló un día Manuel Vicent que, el que busca la verdad, corre el riesgo de encontrarla.

De pequeña me aprendí los mandamientos de carrerilla para hacer la comunión, pero aún me acuerdo del octavo: no dirás falsos testimonios ni mentiras.

Y este sube al ranking del número 1, como el denominador más defendido por todos los manuales de sentido común ante una crisis: No mentirás. A lo que añadiría, no descuidarás la comunicación interna para evitar rumores y cuchicheos; y pensar antes de declarar, conocer en detalle el plan de crisis, y no ignorar a los periodistas.

Me parece inconcebible que aún hoy en día algunos gestores y portavoces en comunicación de crisis puedan silenciar o sacar a la palestra mentiras y falsas verdades. Winston Churchill sentenciaba que “en tiempos de guerra la verdad es tan preciosa, que debería ser protegida de la mentira con guardaespaldas”.

Los errores de comunicación minan la confianza y la credibilidad de los portavoces y las instituciones. Una acción incorrecta, un gesto, una palabra mal utilizada y un dato escondido en el cajón puede ser una sentencia definitiva.

En cambio, la honestidad, la transparencia, estar ahí cuando lo reclaman, superar el miedo a los informadores y marcar los tiempos es una acción correcta que impacta en la mente y en el corazón de las personas.

No actuar de forma ágil y coherente sobre un tema que genera incertidumbre, temor e inquietud genera dudas sobre la capacidad operativa de la institución, por lo que es más que aplaudible, preparar toda la información, presentarla, compartirla con los medios y en las  redes sociales porque siempre se reforzará la credibilidad, tanto externa como interna.

Es obvio que en situaciones de crisis los medios querrán saberlo todo y van a intentar ponernos contra las cuerdas, pero es más, si no se les atiende o facilita la información, beberán de otras fuentes que pueden cometer errores y exageraciones que podrían dar una versión muy lejana de la realidad.

No siempre es preciso contestar. Lo que no quiere decir que la solución sea el silencio, ni la mentira. El portavoz, que tiene que ser la persona autorizada para hablar del tema, debe informarse, recopilar toda la información, reflexionar sobre los mensajes, llevar la iniciativa y atender a los medios. No cabe la improvisación ni la precipitación.

Anticiparse, reacción, acción, proactividad, explicación, atención amable, respuesta teléfonica, rueda de prensa, comunicado de prensa… son momentos y verbos claves ante una gestión de crisis, pero nunca la negación o la mentira.

Nunca lavarse las manos es la mejor opción, pero mucho menos responsabilizar a terceros. El portavoz debe ser honesto. Dicen que del cielo a la tierra no hay nada oculto y menos cuando hablamos de crisis, accidente, incidente donde la comunicación viaja en la actualidad a la velocidad de la luz con el internet. No corran el riesgo. Y vuelvo a reiterar, la mentira nunca es una opción, aunque cada uno se suicida como le da la gana.

Vuelvo para acabar a Ryszard Ryszard Kapuściński para recordarles que “cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante”. No se la jueguen, la ética y la verdad deben acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón (Gabriel García Márquez). Y como dijo el pasado viernes, Vicente Rotger, cuando recibió la Medalla de Oro del Colegio de Economistas de Baleares; “estoy convencido que intentar ser un buen empresario, ser un buen profesional, pasa por intentar ser una buena persona, un buen vecino, un buen ciudadano. No vale todo: ni en la competencia de los mercados, ni en la competencia entre profesionales, ni en la competencia política”. Y es que hay verdades que solo uno puede decir después de haberse ganado el derecho a decirlas. Buenos días, buenas noches, buena suerte.

 


 

Impartido por Cheska Díaz. Licenciada en Ciencias de la Información de la Universidad Complutense y más de 25 años de experiencia en el campo de los medios de comunicación y dirección de comunicación (Dircom). Entrenadora de portavoces y especialista en gabinete de crisis.

 


 

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