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Juan Servera: “Yo he nacido para ser comercial”

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ibeconomia.com - Viernes, 16 de Junio 2017 | 4:33 Hrs. Juan Servera

El lema de Mariano Juan Servera es “hacer las cosas bien”. Bajo esta filosofía empresarial y vital, es más fácil triunfar. Y se puede decir, con arreglo a los hechos, que este comercial de vocación ha triunfado en ambos estadios. Su vida comenzó en agosto de 1937; es decir, en plena Guerra Civil, siendo el octavo de diez hermanos.

Antes de la Guerra Civil, sus padres regentaban el Hotel Nacional en un Paseo Marítimo que nada tiene que ver con el que hoy conocemos. “Tenías acceso directo al agua del mar, era cristalina, maravillosa. Era fácil coger centollos y demás marisco”.

Huérfano de madre a los diez años, también perdió a una hermana de tifus. Eran años muy duros, muy severos. Con la Guerra Civil, el Hotel tuvo que interrumpir su actividad, para retomarla años más tarde, hacia 1946. En 1953, tenía 137 habitaciones, a las que se sumaron cuarenta anexos para dar cabida a todas las peticiones existentes. “Muchos de los clientes, del orden del treinta por ciento, eran representantes catalanes”.

Asimismo, allá por los finales de los cincuenta, los ingleses copaban muchas de las plazas existentes. “Era una clientela fiel, educada, con dinero y con clase, que desayunaba, comía y cenaba en el hotel. Los caballeros no se quitaban la corbata para entrar en el comedor ni tan siquiera en los meses de julio y agosto”, rememora Mariano Juan. “Entre todos, fomentábamos un ambiente muy agradable, éramos casi como una familia”. Se solía jugar a bridge, el té era poco menos que obligado y la orquesta del hotel no fallaba a su cita diaria. A todo esto, Mariano supo ver rápidamente la importancia de los idiomas como elemento para ganar terreno en los negocios.

“En el hotel no teníamos vacaciones. Los hermanos que permanecíamos solteros vivíamos en él y ayudábamos en aquello que nos mandaba mi padre. Cuando has mamado algo durante mucho tiempo, lo tienes más fácil”.

En todo caso, después de trabajar sus buenas horas en el negocio familiar, y a pesar de su juventud, Mariano Juan hacía ya sus pinitos como comercial, vendiendo bolígrafos, muñecos de fieltro… Apenas dormía. “Siempre he sido muy inquieto”.

Su padre vivía por y para el trabajo, por y para la familia. “Recuerdo que solía decir: ‘S’ha de menjar poc y pair bé’. De su progenitor, Mariano Juan aprendió muchas lecciones, del mismo modo que él las ha impartido a sus vástagos. Una de esas lecciones es no rendirse nunca.

En todo caso, con el denominado boom turístico en Mallorca de finales de los cincuenta y principios de los sesenta, empezó el principio del fin para el Hotel Nacional. “Empezó a llegar turismo de alpargata, y el bufet lo rompió todo. Cambió por completo la relación con los clientes”. Finalmente, el Hotel Nacional cerraría sus puertas (esta vez sí, de un modo definitivo) en 1974.

Licenciado en Peritaje Mercantil, carrera que estudió en Barcelona, Mariano Juan firmó un “doble contrato” en 1962; es decir con sólo 25 años. Los dos de gran importancia en su vida. Por una parte, consiguió la representación para Mallorca de la empresa Porexpan (para el aislamiento de frío y calor), con gran acogida entre particulares y, sobre todo, en la moderna planta hotelera y de aquel entonces. De hecho, Porexpan es de aquellas pocas marcas que han dado nombre a un producto, al ser pioneros.

Por otra parte, se casó con Isabel Costa: “Una mujer maravillosa, que siempre me ha ayudado en mi desarrollo como empresario, ha sido un bastión imprescindible. Ha sido y es comprensiva ante mis largas horas de trabajo, siendo ella misma muy trabajadora y comprometida”.

En los negocios, Mariano Juan no cejaba en su intento de buscar nuevos retos, nuevas oportunidades; eso sí, siempre en él ámbito industrial. Así, en los albores de la democracia, en 1977, Juan volvería a ser un introductor de un producto que le tendría que dar mucho trabajo y mucho rédito desde el punto de vista empresarial: el polietileno reticulado o (en otras palabras) tubos de plástico para la conducción de agua fría y caliente, unos tubos que vendrían a sustituir al hierro y al plomo. Ese fue el espaldarazo definitivo para la empresa. “La demanda se hizo tan importante, que prácticamente no dábamos abasto”.

A día de hoy, estos sistemas de tuberías se instalan en Mallorca y en muchos países del mundo, sobre todo a empresas mallorquinas hoteleras, que saben del nivel de competitividad y solvencia de Comercial Mariano Juan, que así se denomina la empresa. En todo caso, Juan actúa como intermediario, aplicando una vieja máxima que siempre ha tenido en su cabeza: “Comprarás y venderás, pero jamás fabricarás”.

El hecho de que la materia prima sea de primerísima calidad le otorga, en opinión de Mariano Juan, una importante ventaja competitiva en un mercado cada vez más complicado y difícil, cada vez más globalizado. “Hay productos que se venden muy baratos, porque se han elaborad en países como China, donde la mano de obra es también muy barata. Pero luego hay que valorar la calidad del producto. El nuestro es un producto único, de calidad y seguridad, con veinte años de garantía”.

Comercial Mariano Juan tuvo su primera sede en la calle Pasqual Ribot, de Palma, y se trasladó al Polígono de Son Castelló a principios de los años ochenta, con varias naves que suman unos 2.400 metros cuadrados.

Cuando se le inquiere por el secreto del éxito empresarial, Mariano Juan, humilde y agradecido, se acuerda de los consejos que le dio su cuñado “de Olot”. Era uno de los cabezas visibles de la Banca March y le instruyó en el manejo del dinero. “Me dio un consejo fenomenal para mí: que montara un banco en mi casa, para no depender de dinero externo. Entonces, se funcionaba con letras de pago y me hizo ver las ventajas de no llevarlas enseguida al banco. “Todo el tiempo que las mantengas, son intereses que ganas”, me dijo.

Además, le recomendó imponer el sistema de pronto pago. “Ganabas tiempo y dinero con esta manera de funcionar”. En definitiva, su pariente le hizo ver que una cuestión primordial era contar con liquidez.

En paralelo a los negocios, también la familia de Marino Juan creció De su matrimonio, nacerían sus tres hijos, Tomeu, Pedro y Mariano, y los tres están a día de hoy en la empresa. “Lo cierto es que la armonía que hay entre ellos, que estén bien avenidos y que sean serios y responsables me satisface tanto o más, desde el punto de vista de padre, que el éxito que pueda tener la empresa”, asevera emocionado.

Tomeu se encarga de la informática y administración; Pedro, de los créditos y cobros, y Mariano, de compras y ventas. Es el menor el que, además del nombre, más ha heredado el carácter empresarial de su padre, a decir del propio progenitor. “He sido duro como padre, – confiesa – pero creo que mis hijos que lo han acabado agradeciendo. A la hora de tomar decisiones, lo hablamos y lo discutimos todo. Tengo una familia muy unida, y eso supone un orgullo para mí”.

También se siente muy satisfecho al ver que se acercan actualmente a su empresa para saludarle, personal que tuvo trabajando en el hotel. El valoraba y valora en sus empleados que sean honrados, trabajadores y serios. En la actualidad, la empresa cuenta con diez trabajadores.

La crisis, al estar la empresa fuertemente vinculada al mundo de la construcción, también ha afectado a Comercial Mariano Juan. “Creo que en mi etapa como empresario he pasado, cinco crisis, pero debo decir que como esta última, por su dureza y duración, ninguna. Pero no queda otra que tira, tira, adaptarnos a la situación del momento y resistir”.

Más allá de las crisis, en los negocios (como en la vida misma), Mariano Juan ha coincidido con personas de todo tipo, desde auténticos señores a cretinos o sinvergüenzas. Recuerda, sin dar nombres ni detalles, circunstancias muy duras que le ha tocado vivir en el momento de reclamar, por ejemplo, el cobro de un trabajo hecho. “Creo que se puede ser buena persona y triunfar en los negocios, pero está claro que también hace faltan tener carácter. Mi padre lo tiene”, apunta Tomeu, el hijo mayor.

Asimismo, hace falta arrojo, determinación, voluntad para el esfuerzo…

Mariano Juan ha tenido esos valores a lo largo de toda su vida, y sigue haciendo gala de los mismos. “Yo he nacido para ser comercial. No me quiero morir en una butaca o en el sofá”.

Su tiempo de ocio, además de dedicarlo a esposa, hijos y sobrinos, Mariano Juan lo invierto produciendo aceite en una finca que tiene en Valldemossa. Su hijo mayor le retrata con una palabra. “Es así como le veis, un nirvi”.

 

 

Entrevista publicada en “Empresarios con Valor”

©Antonio Travería
©Mª José Merino


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