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Joaquín Tejada Martín. “Solos no vamos a ninguna parte”

Tornos Poima

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ibeconomia.com - miércoles, 22 de noviembre 2017 | 8:55 Hrs.

A una edad en la que muchos jóvenes se inician en el mundo laboral, Joaquín Tejada Martín (Sevilla – 1966) abrió su empresa, Tornos Poima, ubicada en el Polígono de Can Valero. Tenía entonces 23 años y una fuerza de voluntad inquebrantable. Ha pasado más de la mitad de su vida luchando sin descanso para sacar adelante el negocio “a costa de jornadas de trabajo interminables y muchas noches de insomnio”, como él mismo asegura.

“el empresario es una persona que está hecha de otra pasta, es empresario porque es luchador y más trabajador que nadie y sólo el que arriesga y juega a trabajar gana. Para valorar a un empresario y la labor que desempeña hay que serlo, si no no puedes opinar. En ese sentido creo que no estamos lo suficientemente valorados. Un empresario tiene que valorar por encima de todo a sus empleados y así él será valorado”.

Pero volviendo la vista atrás, todos los sacrificios personales realizados, que no han sido pocos, entre ellos el no haber podido disfrutar más de su única hija, tienen su recompensa en “el trabajo hecho a conciencia, la satisfacción del cliente” y, sobre todo, en “poder dar de comer a nueve familias”.

Aunque antes de montar su empresa Joaquín Tejada se dedicaba a fabricar ruletas de casino, “hacíamos unas setenta al año, puede decirse que prácticamente todas las ruletas de los casinos del mundo han pasado por mis manos”, pero lo que lo ha convertido en un empresario de éxito no ha sido el azar. Desde bien pequeño aprendió de sus padres, emigrantes llegados desde Sevilla en los años sesenta en busca de una vida mejor y un futuro para su hijo, que sólo con esfuerzo y constancia se recogen los frutos.

Llegó a Mallorca con tan solo un año de vida de la mano de su madre. “Mi padre tenía que hacer el servicio militar y nos acompañó a mi madre y a mi hasta Valencia y él volvió a Cádiz y se embarcó dos años en el Juan Sebastián Elcano”. Su madre se encargó de mantener vivo el recuerdo del padre durante los años de ausencia, “mi madre me mostraba a mi padre en fotos y cuando regresó a casa no lo extrañé en absoluto”.

Eran los años del boom turístico, pero su madre no encontró trabajo en el sector de la hostelería sino en la fábrica de botas Braxton, hoy convertidas en las mundialmente famosas Tony Mora, a la que también se incorporaría su padre a su regreso a la Isla, y allí ambos trabajaron durante más de treinta años. Recuerda que de vez en cuando él les echaba una mano.

Esos padres trabajadores, luchadores infatigables, fueron un espejo en el que mirarse y un día tomó la decisión de aprender un oficio que le ayudara a ganarse la vida. “No me gustaba mucho estudiar, pero siempre he sido un manitas, así que me fui al Instituto Politécnico y empecé en la rama del metal, ya que la de mecánica, que era la que inicialmente quería estudiar, estaba completa”.

Allí terminó sus estudios, “de los cuarenta que salimos en mi promoción, el único que ha seguido el oficio he sido yo”, y empezó como tornero, haciendo ruletas para casinos hasta que el que ha sido su socio hasta hace ocho años le propuso montar la empresa y no se lo pensó dos veces. “Él me veía como una persona trabajadora y responsable, ya lleva ocho años retirado y yo sigo aquí al pie del cañón”.

Esos primeros años, hasta que la empresa echó a rodar, el trabajo no le daba ni un día de tregua, “hasta los domingos trabajaba en casa haciendo facturas y albaranes”. Tuvo que ganarse la confianza de los clientes “que al principio, dada mi juventud, me veían como a un chavalín, pero el buen hacer en el trabajo me ha dado credibilidad en el sector, ha hecho que la gente confíe en mí”.

“Al principio, dada mi juventud, los clientes me veían como a un chavalín, pero el buen hacer en el trabajo me han dado credibilidad en el sector”

Y es precisamente la credibilidad, el pilar sobre el que Joaquín Tejada basa la relación con sus clientes, “cada cliente es un jefe, todos me mandan, pero es que hacer un cliente es muy difícil y perderlo muy fácil”. Eso es lo que le lleva a enfrentarse a su trabajo cada día con ilusión y energía renovada, el éxito no le ha hecho aflojar el acelerador, “es un trabajo muy bonito aunque estresante. Yo verifico todas las piezas que se hacen y si no están bien no salen, prefiero perder cuatro o cinco horas de trabajo, pero no a un cliente”.

Gracias al boca a boca, a la búsqueda constante de la perfección, Joaquín Tejada comenta que “afortunadamente no he pa- decido los efectos de la crisis, las recomendaciones entre clientes nos ha funcionado muy bien, pero estoy convencido de que lo fundamental ha sido ofrecer un servicio de calidad”. En ese sentido, comenta que no concibe faltar a la palabra dada a un cliente y lo explica con una premisa muy sencilla, “lo que no me gusta que me hagan a mí, no se lo hago yo a los demás”.

En eso ha tenido mucho que ver el hecho de que desde su creación Tornos Poima “siempre ha estado modernizándose. Lo que se me ha pasado por la cabeza lo he llevado adelante, no ha habido un año en el que no haya estado pagando máquinas, desde que empecé”.

Se siente especialmente orgulloso del torno CNC que hace ya un tiempo se ha convertido en la joya de la empresa y que per- mite realizar trabajos con la perfección que a Joaquín Tejada le gusta y le exigen sus clientes, “ahora mismo no existe otra máquina como ésta en Mallorca”. Y él, trabajador infatigable en constante proceso de renovación, hace dos meses que cada sábado acude al taller de su empresa para aprender el funcionamiento de la máquina, “cuando llegó no tuve tiempo de aprender a manejarla porque tenía que dedicarme a otras cosas de la empresa y ahora he sacado un rato cada sábado para ponerme al día”.

A sus cincuenta años, este aficionado a la caza, que practica siempre que puede, y a la jardinería, tiene aún mucho camino por recorrer y su ilusión es “seguir como hasta ahora, con el mismo ímpetu y la misma ilusión. Me siento igual de responsable que cuando empecé, entonces éramos dos y ahora doy de comer a nueve familias”.

“Siempre he estado modernizándome. No ha habido un año en el que no haya estado pagando máquinas, desde que empecé”

Con la mirada puesta en el futuro, su hija, ya casada, se ha incorporado a la empresa por las mañanas y su yerno ya lleva seis años trabajando con él “con la idea de que el día de mañana esto tenga una continuidad”.

Joaquín Tejada es un padre orgulloso que no ha podido disfrutar de la niñez de su hija como le hubiera gustado, pero, sin duda, ha sabido transmitirle el mismo sentido del deber que siempre ha guiado su vida. “Ella ha estudiado diseño y ha montado una empresa con una compañera, lo de emprender lo lleva en la sangre, los inicios le están costando un poco, pero es lo que ha aprendido en casa, por las mañanas trabaja conmigo y aprende cómo llevar un negocio y por las tardes se dedica a lo suyo”. Además, tiene una nueva ilusión, la más grande de todas, pronto será abuelo y su intención es disfrutar de la familia como no pudo hacerlo cuando Tornos Poima echaba a rodar.

Este empresario discreto, serio en el trabajo, de palabras justas y bien medidas, “las bromas las reservo para cuando acaba la jornada”, comenta, está especialmente agradecido a ASIMA y a su presidente Francisco Martorell por la labor que llevan a cabo. “Formar parte de esta gran familia nos ayuda a avanzar juntos y a superar los obstáculos. Participo y colaboro con las actividades siempre que me resulta posible y creo que es la mejor forma de mejorar día a día. Solos no vamos a ninguna parte”.

Joaquín Tejada aspira a poder mantenerse como está, “la plantilla está consolidada, funciona bien” y a mantener y ampliar la clientela haciendo lo que mejor se le da, “un trabajo perfecto que responda a las necesidades de cada cliente”.

 

Entrevista publicada en “Empresarios con Valor”

© Toni Travería
© Mª José Merino

 


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